INLAND EMPIRE

 

Hablemos claro sobre esta película: si eres un fan acérrimo de David Lynch, la amarás. Si no, posiblemente te entrarán ganas de quemar la sala, al proyeccionista y a cualquier persona que tenga la más mínima relación con el film.

Debo admitir que soy de los incondicionales del señor Lynch, por lo que he disfrutado muchísimo de Inland Empire, las cosas como son. Me gusta su cadencia, su música, sus sugerentes imágenes, sus idas de olla, su lirismo desatado... Es lo que espero cuando voy a ver una de sus películas. Pero si hablamos del argumento, de la historia de la película...entonces sí que claudico. Porque no me enteré absolutamente de nada.

Y es que me imagino la escena. David Lynch, ante los productores, mostrándoles lo que lleva de la película. Contándoles que la filma a tirones, sin tener ni idea de lo que está contando. Simplemente visualiza una escena y la rueda, sin preocuparse de si tienen relación o no.

Encima les explica que la está rodando con una cámara digital, casi como la que cualquiera de nosotros podría tener en casa, lo que significa un descenso significativo en la calidad de la imagen. Y para terminar de rematar la faena, les dice claramente que la película va a durar 3 horas, y que no piensa recortar ni un solo minuto para el mercado internacional.

Con semejante panorama, uno entiende el cabreo de los productores. Porque lo que tienen en sus manos es, sencillamente, un producto invendible. Una película hecha por y para incondicionales. O, mejor dicho, la peli que David Lynch se ha regalado a sí mismo. Si alguien más la disfruta, perfecto. Pero lo importante era disfrutarla él (tanto como parece haber disfrutado con la promoción de la película, en la que Lynch se ha hecho acompañar...de una vaca)

Como decía varias líneas atrás, tengo suerte de estar en el grupo de amantes del cine de David Lynch. De ahí que haya disfrutado Inland Empire, que la película me haya calado hondo, que se niegue a abandonar mi mente. Sigo dándole vueltas, pensando teorías, intentando encontrar el nexo de unión que explique la película (porque las pelis de Lynch siempre tienen sentido, si se conoce el código. Otra cosa es que el código sea más difícil de descifrar que las transmisiones alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Pero Lynch siempre sabe lo que se está haciendo, no como esos directores de terror de tres al cuarto que creen que poner imágenes extrañas una detrás de otra es suficiente para lograr una atmósfera envolvente)

Pero no soy tan fanático como para no admitir que para disfrutar de la película hay que saltar por encima de múltiples escollos. Es de esto de lo que quiero hablar en primer lugar, porque creo que es lo más importante si leen este artículo con la intención de dilucidar si les puede interesar la película.

De entrada, tenemos el tema de la cámara digital, que hace que la calidad de la imagen sea pésima. Y eso unido a los primeros planos continuos con los que Lynch salpica la película, puede espantar a más de uno.

A otros muchos seguro que lo que les espantará será la trama. O, mejor dicho, la falta de una auténtica trama. Porque decir que trata del proceso de descomposición de una actriz (Laura Dern) que comienza a rodar una película que se confunde con su propia vida es quedarse sólo en lo superficial. Si hay que ser sincero, es necesario hablar de una sitcom dentro de la película protagonizada por conejos parlantes, una trama con un circo polaco, saltos de eje, cortes bruscos entre las escenas, sinconcordancia entre unas y otras...

Todo eso está presente en Inland Empire que, en último extremo es, como he leído por ahí (en la mejor definición que he escuchado de la película) com si cogiéramos los 40 minutos finales de Mulholland Drive y los estiráramos hasta las 3 horas. Una montaña rusa en la que Lynch no concede ni un mínimo respiro al espectador, empeñado en ser críptico, críptico y más crítptico. Uno intenta pillar alguna clave, aunque sea mínima, para hilar al menos un par de cosas, pero ni por esas. Si quieren hacerlo, memoricen todo lo que han visto, cojan lápiz y papel y piensen que tienen diversión para unos cuantos días.

Si a estas alturas ya han dejado de leer el artículo, prueba superada, creo que les he ahorrado un cabreo mayúsculo. Pero si lo dicho no les ha tirado para atrás, entonces disfrutarán muchísimo de Inland Empire.

Porque la película cuenta, de entrada, con una interpretación soberbia de su protagonista, Laura Dern, a la postre también coproductora de la cinta. Dern está en pantalla el 95% del tiempo, y la gama de registros de la que hace gala es, sencillamente, espectacular. Tanto que, una vez vista la película, no me cabe duda de que, en un mundo justo (ya saben, en uno en el que ni Infiltrados ni Happy Feet recibieran nada más que abucheos), la actriz hubiera recibido una merecidísima nominación al Oscar como mejor actriz.

Porque Laura Dern se desdobla en la película. Es culta y refinada; es desagradable y soez; a ratos parece perdida; a ratos, muestra la mayor de las determinaciones. Básicamente completa todo el recurso de expresiones y estados de ánimo, y lo borda de principio a fin. Sin ella, Inland Empire no sería lo que es.

Y si hay que alabar el trabajo de la actriz, igualmente hay que quitarse el sombrero ante David Lynch, que ha vuelto a hacer lo que le ha dado la gana. Chapeau por él. Independientemente de si su propuesta gusta o no, si su hermetismo es aceptado o rechazado, lo cierto es que no hay nadie como Lynch a la hora de transmitir sensaciones a través de las imágenes. Sabe mostrar tristeza, tensión, miedo, desesperación, amor, dolor...y todo con un manejo impresionante de la cámara (esos primeros planos de los que les hablaba) y, sobre todo, del montaje (que también corre de su cuenta). La mezcla de imágenes, la manera en la que combina el material es brutal.

Inland Empire es una experiencia sensorial sin precedentes. Un viaje por el laberinto de una mente torturada, en el que lo divertido es ir descubriendo las claves y armando el puzzle. Les decía al principio que no me enteré de nada. Pero ahora, y tras mucho pensar (e indagar en internet, todo sea dicho), ya empiezo a ver dónde están los trucos.

Claro que eso, lo de desentrañar los misterios de Inland Empire, es material para otro artículo...siempre y cuando decidan primero ver la película.

 

Fran Villalba 

 

unar jun