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EL MOTORISTA FANTASMA

Dice la leyenda (que, como siempre sucede en las películas,
termina siendo verdad), que en cada generación el demonio
elige a una persona como su jinete personal; un hombre a quien
concede el deseo que más anhela para después, cuando lo
cree oportuno, reclamar su alma y obligarle a servirle.
Y después de que su último sirviente le saliese rana y
se diera el piro cuando comprobó que si le daba un contrato
que contenía 100 almas malditas, el demonio iba a convertir la
Tierra en su terrenito de fin de semana, pues éste, con algo
de paciencia (que para eso pasaron más de 100 años
entre sirviente y sirviente) decide fijar su atención en el
adolescente Johnny Blaze, un motorista que, en compañía
de su padre, se gana haciendo acrobacias a dos ruedas en el circo.
Aprovechando que el padre de Blaze está enfermo, el diablo se
ofrece a curarle a cambio del alma del chico. Pero claro, como es un
malo maloso hace trampas, y si bien le cura, al día siguiente
el buen hombre muere en un accidente con la moto. Ahí es nada.
Pasa el tiempo, y cuando el hijo del demonio, Blackheart, llega a la
tierra decidido a quedarse para sí el famoso contrato (que
sigue escondido), el diablo reclama a Johhny Blaze para que se
encargue de fulminarlo. Y como los tiempos han cambiado, y eso de los
jinetes está un poquito pasado de moda (salvo que te llames
Clint Eastwood), pues eso, que ahora tenemos Motorista fantasma.

Sinceramente, no recuerdo si éste es el origen del personaje
en los comics (apostaría mi alma a que no...pero tampoco
quiero tentar mi suerte), pero al menos en la peli es lo que hay. Y
tampoco hace falta más. Porque si algo tiene El Motorista
fantasma, la película, es que va directa al grano, sin
preocuparse demasiado por la verosimilitud o explicaciones demasiado
rebuscadas.
Seamos serios: El Motorista Fantasma es una película
mala, pero con gracia, sobre todo debido a su falta de pretensiones.
Es decir, todo lo contrario que el Hulk de Ang Lee (¿realmente
a alguien le interesaba esa especie de terapia de grupo entre Banner
y su padre, que es a lo que al final se reducía todo?) o el
Superman de Bryan Singer (esa película en la que
Superman se enfrentaba...¿a quién se enfrentaba
realmente Superman en esa película? Más de dos horas
sólo para descubrir que el tipo será mucho superhéroe,
pero después se escaquea de pagar pensiones alimenticias y
demás...)
No tan buena como Superman (la original) o X-Men (sobre
todo la 2, y bajo ningún concepto ese engendro llamado The
last stand) pero no tan mala como Elektra o Daredevil
(del mismo director, todo sea dicho), El Motorista Fantasma es
una película ideal para pasar el rato en compañía
de unos amigos, comer unas palomitas, disfrutar de los efectos
especiales y reírse un rato. Porque como te pongas a analizar
la cosa con seriedad, no hay que ser un genio para descubrir que el
guión tiene más agujeros que un queso gruyere. Casi
tantos como tópicos. Desde los tres secuaces descafeinados que
acompañan al malo (y que van cayendo, uno a uno, en los
enfrentamientos con el Motorista) a unos personajes planos y
unidimensionales que tienen la personalidad de un mono de peluche.
Por un lado tenemos a Nicolas Cage, que después de mucho
intentarlo finalmente ha conseguido salirse con la suya y encarnar a
un superhéroe (su hijo se llama Kal-El, y su propio apellido
artístico – el auténtico es Coppola, de los Coppola
de toda la vida – proviene del personaje de comic Luke Cage). Y
aunque a mí me parece un gran actor (opinión que parece
no compartir el grueso de la población, aunque yo, erre que
erre, sigo reivindicando sus papeles en Besos de vampiro,
Leaving las Vegas o Hechizo de luna), lo cierto es que
aquí el actor se limita a poner cara de tristeza (o de
atontado, depende de cómo se mire), cerciorarse de que el
peluquín se le mantiene y repetir cada dos por tres la misma
pose que ponía en la obra maestra de David Lynch, Corazón
salvaje, con efectos lamentables.
Por otro lado tenemos a Eva Mendes, que es muy simpática y
está muy buena (sobre todo lo segundo), pero que empieza a
encasillarse peligrosamente en la categoría de mujer florero.
Aquí hace de periodista aunque, más allá de
sostener un micro en la mano, no demuestra ningún otro talento
como reportera (aunque claro, si Denise Richard hizo de ¡física
nuclear! en una peli de Bond, pues eso, que vivan los encargados de
casting). Y pone su pose de mujer dura de “nunca te perdonaré,
Johhny, por dejarme tirada cuando éramos críos, y
cuando digo nunca quiero decir cinco minutos, el tiempo que tardo en
volver a enamorarme de ti aunque por las noches te conviertas en una
calavera con llamas en el cráneo”.

Por último aparece por ahí Peter Fonda haciendo deldiablo, y demostrando que uno puede vivir toda la vida de las rentas
de un único papel (Easy Rider), porque su carrera nunca
ha sido nada del otro jueves. Si Cage está por diversión
y Eva Mendes por aprovechar la oportunidad de actuar en una cinta que
verán millones de espectadores, se nota que Fonda está
por la pasta. Y como cuando a uno le pagan suele estar de buen humor,
pues se nota que el hombre disfruta poniendo cara de malo, como si
fuera la versión bastarda del Robert de Niro de El Corazón
del ángel.
El Motorista Fantasma es una película con ritmo y
cierta gracia, en la que, tristemente, que un tío se convierta
en calavera no es lo más inexplicable de la función (se
me ocurren tantas preguntas, del tipo ¿cómo es que el
demonio no encontró a su jinete renegado ni el maldito
contrato en un siglo y el Motorista se le agencie en menos de 48
horas?). Clichés, tópicos, chistes malos y mucha
acción, eso sí. No me extraña que la crítica
la haya machacado sin piedad. Pero yo, insisto, me lo pasé
bastante bien.
Puede que fuera porque sabía dónde me estaba metiendo,
o porque sinceramente esperaba algo mucho peor.
O puede ser, tampoco lo descarto, que con el panorama cinematográficoactual tan espantoso, cada vez le pida menos a una peli. Triste, pero
cierto.
Fran Villalba
unar jun
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